Mostrando entradas con la etiqueta anticatalanismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anticatalanismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de octubre de 2011

No nos quieren


No nos queremos ir porque queramos, nos queremos ir porque no nos quieren.

La derecha española, es, en Cataluña, relativamente marginal. En las elecciones autonómicas de 2010, el Partido Popular de Cataluña alcanzó el 12,3% de los votos emitidos, y ha sido su mejor porcentaje histórico en este tipo de elecciones (en otras ocasiones, como en 1999, no llegó ni al 10%). En las elecciones municipales de 2011, su mejor resultado en una locales, sólo obtuvo el 12,7% (en las anteriores, las de 2007, tampoco llegó al 10%). En las elecciones generales, dónde sacan los mejores resultados, tampoco les va mejor. Sólo en una ocasión, (en 2000, cuando el PP de Aznar obtuvo la mayoría absoluta), ha pasado del 20%. Por ello, sabiendo que tiene poco que perder, ha utilizado permanentemente el anticatalanismo como baza electoral para el resto de España, tanto cuando en Cataluña gobernaba la derecha nacionalista de Convergència como cuando la hizo la izquierda. La izquierda española, mientras tanto, tampoco ha actuado de contrapeso, y en múltiples ocasiones ha sido cómplice de ese anticatalanismo visceral.

Dicho anti catalanismo, muy arraigado históricamente entre los españoles, se ha visto fuertemente amplificado desde los medios de comunicación afines a la derecha hasta niveles de maltrato e insulto permanente. Pero lo peor es que ha calado en amplios sectores, por no decir la mayoría, de la ciudadanía española.  El ejemplo más evidente es el boicot al cava y otros productos catalanes que se produjo en 2005 (nunca se ha producido una situación similar con otra comunidad), pero nosotros, que viajamos y pasamos temporadas en España por razones familiares y afectivas, hemos vivido innumerables pequeñas anécdotas que nos llevan a la conclusión de que en los últimos años el anticatalanismo recurrente ha aumentado llegando a niveles insostenibles.

No negamos que algunos sectores catalanes pueden tener alguna responsabilidad en el deterioro de las relaciones entre Cataluña y España (el victimismo habitual de algunos, el antiespañolismo visceral de otros), pero estamos convencidos en nuestro fuero interno que la mayor parte de la responsabilidad de esta situación recae en los políticos y generadores de opinión españoles.

Como en un matrimonio, si uno de los miembros de una pareja humilla, maltrata y pretende anular al otro, hay que concluir que lo mejor es separarse, por duro que sea.


ELPHARI